mayo 7, 2026
Screenshot 2026-05-06 at 19-07-51 La cara invisible del embarazo y el posparto una de cada 16 mujeres sufre depresión grave en estas etapas Salud y bienestar EL PAÍS

El embarazo y el nacimiento de un bebé suelen retratarse como etapas exclusivamente felices, llenas de ilusión y plenitud. Sin embargo, detrás de esa imagen idealizada existe una realidad mucho más compleja que afecta a millones de mujeres en el mundo: la depresión durante el embarazo y el posparto.

Una investigación publicada en la revista científica The Lancet Psychiatry reveló que al menos una de cada 16 mujeres desarrolla trastorno depresivo mayor durante el periodo periparto, es decir, durante la gestación o en el primer año después del nacimiento del bebé.

El estudio, considerado uno de los más amplios sobre el tema, analizó información de alrededor de dos millones de mujeres y niñas de 90 países. Sus resultados muestran que la depresión grave afecta al 6.2% de las mujeres durante el embarazo y al 6.8% de las madres durante el primer año posterior al parto.

La investigación también identificó el momento de mayor vulnerabilidad: las dos primeras semanas después del nacimiento, cuando la prevalencia del trastorno alcanza el 8.3%.

La autora principal del estudio, Alize Ferrari, explicó que aunque la comunidad científica ya sabía que las mujeres embarazadas y en posparto presentan más riesgo de depresión que la población general, hasta ahora no existían estimaciones tan precisas debido a las diferencias metodológicas entre investigaciones previas.

Los especialistas advierten que la depresión perinatal no debe confundirse con la llamada tristeza posparto o “baby blues”, un cuadro frecuente y transitorio que puede incluir irritabilidad, llanto fácil y cambios emocionales leves durante los primeros días después del parto.

La diferencia principal radica en la intensidad y duración de los síntomas. El trastorno depresivo mayor implica tristeza persistente, pérdida de interés por las actividades cotidianas, agotamiento extremo, ansiedad severa y dificultades para desenvolverse en la vida diaria o establecer vínculos emocionales saludables con el bebé.

La psiquiatra Gemma Parramon, especialista en salud mental perinatal, señaló que esta investigación ayuda a comprender mejor la dimensión real del problema y desmonta la idea de que la maternidad siempre debe vivirse con felicidad absoluta.

La experta explicó que muchas mujeres atraviesan procesos emocionales complejos en silencio debido a las expectativas sociales alrededor de la maternidad, donde todavía existe presión para mostrarse felices y agradecidas permanentemente.

Los especialistas coinciden en que detrás de estos cuadros existe una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales.

Uno de los principales desencadenantes ocurre después del parto, cuando el cuerpo experimenta una caída abrupta de hormonas como estrógenos y progesterona. Algunas mujeres presentan una mayor sensibilidad cerebral a estos cambios hormonales, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar depresión.

Sin embargo, también influyen elementos externos como el agotamiento físico, la falta de apoyo familiar, las dificultades económicas, la presión social sobre la crianza y la sobrecarga emocional que implica el cuidado de un recién nacido.

La investigación advierte además que la prevalencia de depresión grave es mayor en regiones con mayores niveles de desigualdad, pobreza y barreras de acceso a servicios médicos, especialmente en zonas del África subsahariana y del sur de Asia.

Especialistas consultados tras la publicación del estudio señalaron que uno de los principales desafíos continúa siendo la falta de atención especializada en salud mental materna.

Eduard Vieta advirtió que en muchos países todavía existen pocos programas integrales capaces de atender simultáneamente la salud mental de la madre y las necesidades del recién nacido.

Los expertos subrayan que detectar los síntomas de manera temprana es fundamental para evitar complicaciones mayores y proteger tanto a la madre como al bebé.

Entre las señales de alerta se encuentran la tristeza intensa persistente, la sensación de vacío, el aislamiento, los problemas severos de sueño, la ansiedad constante, la pérdida de interés en el cuidado del bebé y pensamientos negativos recurrentes.

La endocrinóloga Carme Valls ha señalado además que muchos factores relacionados con el cansancio extremo, la anemia, la lactancia y la falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar siguen siendo invisibilizados dentro del debate sobre la salud mental materna.

La evidencia científica actual apunta a que la depresión perinatal no es una muestra de debilidad ni falta de amor hacia los hijos, sino una enfermedad compleja que requiere atención médica, acompañamiento psicológico y apoyo social.

El estudio de The Lancet Psychiatry refuerza la necesidad de ampliar los programas de salud mental para mujeres embarazadas y madres recientes, además de romper el estigma que todavía rodea estos trastornos.

Porque detrás de la imagen idealizada de la maternidad, muchas mujeres continúan enfrentando en silencio una de las etapas más difíciles de su vida emocional.

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